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Antonio Rodríguez Salvador

Nuestro Colaborador Antonio Rodríguez Salvador
Antonio_Rodriguez_SalvadorLes presento aquí a Antonio Rodríguez Salvador, periodista, escritor y ajedrecista añorante, una personalidad en mi patria y de las letras latinoamericanas.
Se estrena por lo alto, con algo que jamás pensé que se podía hacer: Ajedrez y Literatura erótica -buenas noticias, ¿no? ;)
A continuación, le dejo la palabra a Antonio, quien habla de su temprana relación con el ajedrez y la literatura. Carece de detalles tan malsanos y exactos como su fecha de nacimiento y cosas así. Quien quiera saber de lo anterior, pues vaya a la Wikipedia, haciendo click en este enlace.
Pero eso será una pérdida de tiempo, porque lo mejor ya esta aquí, y se lo van a perder.

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El primer nombre de ajedrecista famoso que escuché en mi vida fue “Tigrán Petrosián”: así con tilde las dos veces. Todo el mundo decía ser Tigrán Petrosián en aquellos piquetes de ajedrez manigüero –donde se cantaban los jaques, cualquier estrambótica defensa era Siciliana, y las piezas no se llamaban piezas, sino fichas– en el Círculo Social Obrero “Rusbel Pérez” de Taguasco: suerte de ateneo criollo, que a pesar de exhibir el nombre de un mártir local, todos seguían llamando Colonia Española.

Se supone que el ajedrez sea un juego discreto, de compostura inglesa y elipsis indígena; era, sin embargo, el más escandaloso de los seis tumultos bien demarcados que se daban cita en la Colonia. Más alborotador que el piquete de dominó; más que los practicantes de “highball bajo techo” en la categoría profesional, más, incluso, que el reunido frente al televisor, excepto cuando los Azucareros jugaban contra Industriales en el Latino.

Los grupos del ping pong y el mahjong eran los más reservados: quién sabe si las raíces chinas tuviesen algo que ver.  Lo cierto es que allí, tan solo mirando, aprendí el movimiento de las piezas: era 1966, tenía yo apenas cinco años, y La Habana se jugaba la XVII Olimpiada Mundial de Ajedrez.

Creo que ese aprendizaje bastardo terminó por aberrarme el gusto por el juego: por ejemplo, siempre odié gastar  tiempo en el estudio de aperturas, estar cinco horas redondas frente a un tipo con cara de estatua, o dar prioridad a la partida sellada por encima de salir con la jeva.

Quizá por eso ahora me gusta tanto jugar blitz de ajedrez alocado en Buho21.com. Las piezas de la primera fila se disponen de manera aleatoria, no existe el enroque, y muchas veces los alfiles caminan por la misma diagonal. Es un  armónico desorden donde se repite un orgasmo intelectual cada diez minutos.

En cambio, me gustaba bastante jugar ajedrez clásico por correspondencia. No me fue muy mal: en 1985 conseguí el mejor resultado para un primer tablero en el Campeonato Nacional de Cuba por Equipos, y logré colarme en el rating internacional, pero un día apareció el doping de las computadoras, y de pronto ya no ganaba el más fuerte, sino quien tuviese el mejor procesador, el mejor Fritz, la más amplia base de datos en ficheros pgn.

El séptimo círculo del infierno, según Dante, era el de los violentos. Sin embargo, el séptimo “infierno” del Círculo, era el de los apacibles: la biblioteca. En aquel local estrecho y caluroso de la Colonia Española casi siempre estaba mi padre, apoltronado en un sillón de mimbre, leyendo un clásico de la literatura.

Mi casa quedaba justo en frente, al cruzar la calle, y cada tarde mi madre me ordenaba heraldo: Dile a tu papá que ya está la comida.  Yo iba y me quedaba un rato mirando las ilustraciones de una gran enciclopedia actualizada hasta 1905; mi padre miraba sobre los espejuelos y me sonreía, y así poco a poco me fui contagiando de literatura.

Pero esa es otra historia, que solo menciono para explicar por qué a veces escribo algún cuento cuyo tema es el ajedrez, como este medio alocado que les sugiero hoy en el excelente sitio que comanda Carlos Pujol.

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Las colaboraciones de Antonio Rodríguez Salvador:

 

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La Penetración del Alfil

Posted by on May 7, 2012 in Antonio Rodriguez Salvador, Artículos, Historias | 5 comments

La Penetración del Alfil

Un honor tener aquí la primera colaboración de Antonio Rodríguez Salvador, periodista, escritor y ajedrecista añorante, una personalidad en mi patria y de las letras latinoamericanas. Para saber más de él, cliquee aquí. Se estrena por lo alto, con algo que jamás pensé que se podía hacer: Historia del Ajedrez para entendidos y Literatura erótica -buenas noticias, ¿no? ¡Recomendado!     Apolinar adelantó su...

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